De oficio poeta: escrituras y poligrafías
Por Mario R. Cancel
Algo distinto se siente al revisar los textos de estos poetas. Parece que se trata de escritores que redactan desde las entrañas de una megalópolis infinita, cordial y amenazante en ocasiones. La sensación que de ella emana los convierte en unos seres compulsivos. Estos poetas (sobre)viven volcados hacia el presente. La conciencia de la contingencia y la fugacidad de todo los ha forzado a desocuparse del pasado. Las reflexiones sobre el tiempo entendido como imperativo moral están ausentes de esta escritura. La historia interpretada como un fardo pesado, que fue el rasgo distintivo de los escritores puertorriqueños hasta los últimos momentos de la generación 1970, se desvanece en el aire. De un modo u otro ése es el rasgo particular de la producción cultural de los autores del 1980, el 1990 y el 2000 en Puerto Rico.
Las implicaciones concretas de ese divorcio ideológico en la concepción de la poesía son muchas. En primer lugar, asegura una ruptura parcial con el paternalismo y el ritualismo que dominó el acceso a la República de las Letras hasta el 1970. El panorama no es nuevo. Los más jóvenes han inventado otros rituales, han encontrado lugares de difusión en donde convergen a diario. La apertura del espacio virtual y la experimentación con lugares que, si bien al principio copiaban la arquitectura del mundo de libro, ha ido desarrollando una peculiar autonomía respecto a la tradición impresa.
La experiencia de la virtualitura (literatura virtual) requiere un tipo distinto de lectura y una novedosa forma de comunicación dominada por la temporalidad y el acceso inmediato a un conjunto de textos propenso a disolverse con la misma rapidez. Los efectos sobre la escritura y la lectura en este medio todavía están por definirse.
Distingue también a este conjunto de escritores una persistente despreocupación por la noción de escuela literaria. Se trata de una prevención contra la uniformidad escritural que ha servido para caracterizar a las generaciones y promociones precedentes cuando han sido reducidas a un lenguaje puramente académico. El hecho de que muchos de estos autores se hayan formado al margen de los estudios hispánicos, y la afirmación de una producción respetable desde otras esferas del saber (sociólogos, historiadores, cineastas, artistas plásticos, entre otros) diversifica unas formas expresivas de por sí cargadas de plasticidad.
Aviesas estéticas
Hay mucho de transgresivo en estos poemas. La infracción de las reglas de lenguaje, de los formalismos escriturales, se reitera en estos escritores. El lenguaje poético está contaminado con las modulaciones de la prosa y con el lenguaje de otras disciplinas. La alusión a las filosofías duras (Heidegger, Marx, Nietzsche y los filósofos de la sospecha) es patente en autores como Carlos López Dzur,
La contaminación se diversifica mediante la intrusión de sociolectos inéditos propios de la postmodernidad. La estetización del cibermundo y el universo cibernético materializado en instrumentos que lo significan se profundiza en la poética de Urayoán Noel, Maribel R. Ortiz y
La interferencia del inglés, que los escritores del 1970 ejercitaron, se manifiesta en algunos poemas de Mayrim Cruz Bernall, se radicaliza en el mismo Noel y adquiere un rasgo definitorio en la muestra de Imayrim Padua, que la ubica en la frontera del ingleñol. La fuerza de esta actitud radica en que con ello se pone en tela de juicio el nacionalismo cultural oficial en Puerto Rico y se arremete cierta cultura literaria que todavía centra sus criterios en un purismo lingüístico trasnochado.
La violencia gramatical, otra manera destruir el poema moderno, es patente: violación puntuación lógica o ausencia de ella, neologismos por agregación que calcan la sonoridad del lenguaje oral y que dan una musicalidad inusitada a estos textos. En ciertos casos el proceso desemboca en un esteticismo neovanguardista que representa un retorno a las concepciones cíclicas que piensan la salvación por la estética o por la poesía. Es el caso de Jannette Becerra, Amarilis Tavarez Vales e Imayrim Papua.
El giro oral y visual que caracteriza una parte de esta escritura que he llamado visualitura en otras ocasiones, no deja duda de que la poesía que nació para o por el performance, como es el caso de algunos textos de Guillermo Rebollo-Gil o José Raúl Gallego, se sostiene en el papel. La responsabilidad del juicio sobre esta producción se delega en el lector quien debe completar las ausencias del texto concreto.
Afirmando una tendencia típica de la escritura puertorriqueña de los últimos 30 años, se consolida una estética de lo pop que se remite a iconos musicales. El registro cocido se abre: Madelline Millán se acerca al tango, Juan Manuel González a la salsa, Mayra Santos se ata al bolero, José Raúl Gallego, Amarilis Tavarez Vales y Ángel Matos aluden al reguetón. Entre una sensualidad retroromántica que se desevuelve ante otra sensualidad de un profundo contenido étnico. El manejo más interesante de las textualidades musicales se ofrece en Mayra Santos y José Raúl Gallego que transforman el índice musical en clave poética efectiva más allá de la simple alusión.
Entre estética y antiestética se mueve esta literatura. Otras estéticas de la violencia, de lo soez, de lo cotidiano se reiteran como en ciertas tradiciones poéticas contestarias del 1960. Madelline Millán inaugura una poesía donde la violencia es piedra de toque como en la cinematografía oriental del 1970. Carlos R. Gómez Beras y Nicole-Cecilia Delgado, reestructuran una antiestética donde lo soez y lo cotidiano se confabular para producir placer y construir el poema. La radical economía de lenguaje en ambos poetas produce una lentificación del ritmo del texto.
El aspecto central de todo el conjunto reside en la radical urbanidad de estos textos. En Chiara Merina la ciudad resulta amenazante, en
Tortuosos discursos
El gran tema de las voces femeninas es la celebración lúdica del cuerpo. Ya no se trata de luchar porque se carece de un lugar legítimo. Se trata del disfrute de un logro o de una avenida ganada. Mayra Santos disfruta el cuerpo sin miedo, Maribel Sánchez no teme manifestar una sexualidad avasallante. Esta poesía ahonda la experimentación y defensa de ese lugar ganado a dentelladas. Se trata de un post-erotismo típico de la disolución del mundo freudiano y de las nociones de culpa. Estas mujeres escriben con el cuerpo en la tradición de la literatura femenina del 70. Mayra Santos trabaja la metáfora de la dominatrix sexual. Mayrim Cruz Bernall,
En otras ocasiones la sexualidad se manifiesta desde un lugar imaginario que se sintetiza en un lenguaje esquivo y simbolista, en donde las palabras pueden significar cualquier cosa. Es el caso de la muestra de Marioantonio Rosa y las ya mencionadas, Mayrim Cruz Bernall y
Todavía hay en algunos creadores de un alambicamiento notable y rico. La poesía de Maribel R. Ortiz y
Conclusiones
Para muchos de estos autores la poesía sigue siendo el manifiesto de una voluntad transgresiva como lo fue para los románticos o los poetas sociales. El poeta se ubica ahora en espacios individualizados: el motel, el bar, la cama, los arrabales urbanos desde donde cata su epifanía. Muertos los discursos y los relatos, solo puede confiar en sus grandes desaciertos. Esa degradación de los índices de representación en los que se confió desacraliza la poética y ayuda a apropiarla como una labor de gente itinerante, que ha adoptado la tarea de ser ellos mismos, desde los márgenes. Lo más importante de todo es que el libro nunca será cerrado. Su lectura es solo la primera oblación. Después veremos.
